Nostalgia del futuro

Respirar

Por Victoria Buccieri*

Respiro. Abro mi pecho y vuelvo a ese recuerdo. El momento en que mi hijo recién nacido estaba a punto de morir. Sé lo que pensé, entonces. Que si moría –algo que me parecía ineludible– quería que fuera enfrente de mis ojos. Ver el momento exacto en que su cuerpito desnudo dejara de respirar.

Cuando lo recuerdo, me abstraigo de su cara y de los cables de la terapia intensiva. Sólo veo ese pecho que sube y que baja, como un ave cruda, despellejada pero todavía latiente.

Y hay algo más, algo que es menos que un pensamiento. Es apenas un sentir; son migajas sórdidas. Los fragmentos de lo que queda perdido en los sótanos de la mente.

Recuerdo la horrible sensación de que todo daba igual. Era una cuestión binaria, estar o no estar. Como una mosca que muere de un golpe. Tan simple. Simple pero cruel, sobre todo cuando el golpe se asesta sobre el bebé recién nacido. Sobre el hijo de una misma. Era un no existir, un vacío, algo previo a la nada.

Sentía que debía aceptarlo. Aceptarlo y seguir. Mi hijo se moría enfrente de mis ojos y yo no iba a poder tener otro. Casi una certeza para mí.

 

*

Me dejo llevar por la ancestralidad. Pienso en las mujeres muertas en los partos, en los bebés muertos en los partos. A lo largo de los siglos y los siglos.

Una bruma negra y espesa me atraviesa. Manoteo como puedo, lucho, la despejo. Lo veo respirar en el recuerdo. Lo acaricio en el recuerdo, esquivando los cables. Le digo que estoy, que por favor sobreviva.

Y lo hace. Sobrevive. Me invita a entrar a este mundo nuevo, a una realidad inexpresable, pura, brillante, que es la vida con discapacidad. Hace ya siete años.

 

*

Estoy descalza. Salgo al jardín. El suelo plano se hace ondulado, con protuberancias y desniveles. Cada loma ínfima es una colina enorme que debo subir. Y me cuesta. Pero lo veo a él y lo intento. Mi hijo es una parte de mi cuerpo. Estamos unidos, unidos por el pecho. Respiramos.

La bruma ahora se vuelve verdosa, amarillenta, como un moretón que se desvanece. Y me animo a otro embarazo. Pienso en la ancestralidad, en las mujeres muertas en los partos, en los bebés muertos en los partos. Pienso en mi primer hijo, que sobrevive. Atravieso el miedo, y doy a luz a otra hija. Mi cuerpo ahora se expande, se multiplica.

Sé que respiramos todos juntos el aire tibio y acompasado que sale de sus pequeños seres, que también sale de mí. La bruma se diluye, aunque queda lejos, latente, en el horizonte. Nunca se irá, pero respiro libre, aliviada, con la esperanza de que no vuelva a atraparme.

 

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Victoria Buccieri nació en 1988 y creció en Ezeiza, provincia de Buenos Aires. Es escritora y economista. Escribe desde siempre. En 2011 publicó Asfixia (Ed. De los Cuatro Vientos), su primer libro de cuentos, tras haber ganado el primer premio de un certamen de narrativa, con el relato “Los descarnados o el derrumbe de los cuerpos”, y participó de varias antologías. Luego de algunos años sin dedicarse a la escritura, en 2018 fue mamá de Federico, que tiene parálisis cerebral. Esta nueva faceta de su vida trajo la necesidad de volver a expresarse mediante la literatura. Entre 2022 y 2024, realizó la carrera de Escritura Narrativa de Casa de Letras, donde se animó a escribir sobre el dolor y el recuerdo, abordando las temáticas de mujeres, maternidad y discapacidad. En 2025 se convirtió en mamá por segunda vez con el nacimiento de Clara. En @otroladodelavida escribe un diario abierto de su vida como madre de un niño con discapacidad.