Relatos/Partos

El nacimiento de Amèlia

Por Silvana Elisa Navarta*

Ya nació Amèlia. El martes a la tarde nos fuimos para el hospital Son Espases con contracciones cada 5 minutos, muy llevaderas, después de que la abuela y la tieta recogieran a Dídac. Nació apenas empezado el 12/9. Fue un parto intenso y rápido, como dicen que suelen ser los segundos. Sin duda muy distinto al primero, una experiencia totalmente nueva para mi, en la que además del amoroso papi de mis hij@s, me acompañó y fortaleció una especie de energía femenina que venia a mi quizás proveniente de los muchos momentos pasados con amigas, colegas y mamis de una tribu muy especial, de mujeres que han pasado por mi vida y me han ido dejando cosas valiosas, leídas, escuchadas, compartidas. Agradezco a ellas la conciencia creciente (en mi como en la sociedad, creo) del valor inmenso de experiencias femeninas que antes se silenciaban. Por eso me animo a escribir con cierto detalle y compartir este relato del parto.

Después de escuchar su corazón sentada en el monitoreo, pasear un rato y confirmar con un tacto la dilatación de apenas 2 cm, nos fuimos a una habitación a seguir trabajando en el tema. El gine nos había ofrecido ir a cenar y volver mas tarde, pero no lo vimos muy tentador. Jordi por si acaso, fue a buscar una ración de chuletas de cerdo con papas y arvejas, q por supuesto me hicieron vomitar solo de mirarlas.

Apenas hubo tiempo para una ducha relajante, un poco de pelota y la búsqueda infructuosa de una postura o masaje que aliviara un dolor que se ponía de verdad cada vez mas intenso. No pasaron más de dos horas y nos vinieron a buscar. La celadora debe haber visto la cosa avanzada porque salió corriendo a toda prisa al paritorio. Empecé a considerar con cariño la epidural, pero sin decidirme del todo. Aguantaré? Jordi aun no había entrado a la sala de partos, se estaba poniendo el batin y la matrona aun preparaba todo tipo de cosillas. No me había aun subido a la cama para monitoreo, y supe que estaba a punto. Olvídate de la epidural!

Una contracción o dos y salió de mi una puntita de bolsa amniotica, intacta y rellena de líquido, que hubo que romper, supongo, para que no taponara la puerta de salida de Amèlia.

Fue sin analgesia, sin vía, y a grito pelado. De esas cosas que se disfrutan porque se sienten irrepetibles y trascendentales, pero se disfrutan mas bien una vez ya pasadas, porque al dolor, por suerte, una no está habituada. Aun asi, lo volvería a elegir, por supuesto, porque recuperarme inmediatamente me permitió conectar con Amèlia de manera maravillosa, y poder estar también con fuerzas para Dídac.

Estoy agradecida de la actitud general de respeto a tus decisiones y a no intervenir si no es necesario. Aun ante la sorpresa de alguna auxiliar ya mayorceta, pude parir a lo mamífero, en cuadrupedia, lo que el cuerpo me pedía. Me dio igual no verles la cara al equipo de matronas (y que ellas tuvieran de frente mi culo). Mis ojos cerrados, centrada en respirar previo a exhalar gritando, y recordando algunos nombres estrafalarios que lei en relatos de partos, como “fase de ganas de hacer caca”, “fase de círculo de fuego”, ” fase que sientes que te partes en dos, pero tranquila, nadie se ha partido” (…no, pero si me hice un buen tajo). Tal cual las fases, lo que es la retórica…. y parece una tontería, pero me alivió identificarlas. También recordé las sugerencias de Marta, la fisio, que no escatimó minutos en dármelas… empujar con los pies, tirar de mis muslos. Pensé en las chicas y el cantar… voy a gritar una aaaa, y respirar! Sentí a Jordi a mi lado. Sentí la voz de Laura, la comare que nos tocó con inmensa suerte, diciéndome que estuviera tranquila, que Amèlia estaba bien. Ahi me di cuenta que alguien hacía malabarismos para sostener un monitoreo en mi barriga, y estaba su latido presente en la sala, constante y rápido, su corazón presente con su parsimonia, en ese momento para mi tan salvaje.
Al cabo de un rato, sentí necesidad de empujar hasta que saliera, y confianza absoluta en mil manos que sostendrían a mi bebé. Salió, y salió como un torpedo disparada, cabecita y cuerpo al instante, girando, llorando, moviéndose… y enseguida conmigo. La sostuve en brazos mientras de rodillas esperaba que quitaran el charco gigante de liquido amniótico y sangre. Cortaron su cordón… ya estaba fuera de mi cuerpo, aunque no fuera de mi. Entonces nos tumbamos panza con panza, cansadas, felices, ella ocupada en el juego nuevo de buscar la teta.

Salió la placenta con un pequeño pujito de nada.. y la miramos atentamente con Jordi. La casita de Amèlia durante 9 lunas!

Así nos quedamos, mucho más de las dos horas previstas para piel con piel, entre anestesia, sutura del desgarro y evaluando un hilito de hemorragia que al final prefirieron prevenir con un goteo de occitocina.

Cerca de las 4 fuimos para la habitación, a seguir estando junt@s.

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Ella/ Silvana Elisa Navarta. Nací en Buenos Aires en 1978. A los 33 años emigré y ahora vivo en Mallorca. Soy psiquiatra y trabajo en una unidad de atención a las conductas adictivas desde una perspectiva motivacional. Como contraste y complemento de esta profesión, siempre me sentí en mi elemento al dibujar, pintar, ilustrar cuentos, escribir.. y así ando, siempre con proyectos inconclusos pululando. La maternidad hizo aún más fervientes mis ganas de expresar creando, jugando, aunque mi tiempo es menos y mi cansancio más. Actualmente estoy descubriendo cómo criar, como educar con alegría a mis hijos. Adentrándome en las pedagogías activas emprendí junto con otras familias una escuela infantil en el bosque. Así es como fluye la energía en mi vida, un poco cambalache, si… Pueden ver algo sobre mi arte en https://silnavarta.blogspot.com/