Nostalgia del futuro

Diario del padre

Por Luciano Lutereau*

1. Hace tres años que utilizo Facebook como un diario íntimo para ser leído por otros en simultáneo (la complicidad de los “amigos”). La intimidad no es algo privado, sino un modo de lazo social. La diferencia entre un diario en papel y la red virtual es apenas la simultaneidad del lector; porque incluso en el diario personal, cuando es leído por el mismo que escribió, no hay coincidencia en la captura del instante de la escritura. El escritor ya es otro, como lector. Eso me gusta del formato “diario”, el forzamiento de la destitución subjetiva.

2. En Facebook escribo sobre tres temas, también de relativa y forzada intimidad: psicoanálisis, política y la paternidad. En los últimos meses, tomo nota de situaciones en que mi hijo Joaquín (3 años) parece haber abandonado un primer momento de su vida. Sus intereses cambiaron, su forma de hablar es diferente y su curiosidad es mucho más fervorosa. También empezó a tener algunos temores (por ejemplo, cuando hay un ruido en la calle y me pregunta: “¿Qué es ese ruido?” para determinar de qué objeto se trata). En términos generales, desde hace unos meses Joaquín comenzó a distribuir los objetos del mundo en una organización singular. El corazón de este sistema, la profundidad del volcán, comenzó a estar en la sexualidad, rasgo inquietante para el que parece buscar una respuesta.

3. Anoche, antes de dormir, le dije a Joaquín: “Te amo, hijo, que descanses” y él respondió: “Yo también te amo, papi”. Entonces le pregunté: “¿Qué quiere decir amar?”. “Es cuando jugás con alguien y vamos a comer pollo al peruano”, me dijo, con una versión posmoderna del tradicional acto de amor que era cocinar para otro.

4. Mientras preparo la valija escucho música con Joaquín. Después de un rato me dice: “Ahora poné una mía”. Ingenuo yo, le pregunto: “¿Querés una de María Elena Walsh?”. “¡No! La de la bicicleta”, responde y escuchamos la de Shakira. Luego dice: “Ahora la de la chica de las piernas”. Me toma un tiempo entender hasta que da en la clave: “La del vestido rojo”. Cada uno ve la realidad de acuerdo con su perversión polimorfa. Es la canción de Thalía. Un padre puede transmitir muchas cosas; pero si la mujer no existe, es porque cada uno la hace existir con su fetiche. Para mi hijo, una mujer es lo que sostienen dos piernas, para mí es la estructura interna de un vestido.

5. Llegamos a la playa. Vimos una araña. Joaquín considera que, dado que tiene 8 patas, entonces debería tener varios pitos. Nosotros tenemos 2 patas y un sólo pito. Es un razonamiento comprensible. No obstante, lo real no es racional. Lo real no podría admitir la “proporción” sexual. No puede darse ese lujo. La Naturaleza necesita lo imperfecto, dosificarse para no extinguirse a sí misma.

6. Camino por la calle con Joaquín. De a ratos me tira de la mano. “Dale hijo, ¿qué pasa que no caminás?”, le pregunto. “Camino, pero ‘no hay que pisar las líneas’ (sic)”, responde. Lo que se transmite también se hereda, ¡bienvenido a la neurosis de las baldosas!

7. Mientras viajamos en el bondi, le muestro a Joaquín la casa en que viví de chico. Yo estoy emocionado. Él me hace 3 preguntas: 1. ¿Con quién vivías? 2. ¿Quién te cuidaba? 3. ¿Cómo jugabas? Me sorprende, quizá no haya mucho más que saber de un niño. Le pregunto: “¿Y vos?”. “¿Cuando era chico?”, pregunta él. Me río, y le cuento de mi infancia. Para él es demasiado pronto para responder.

8. En un recital de hace unos años, Luis Alberto Spinetta presentó a sus hijo Dante y Valentino como “dos pequeños maestros”. La transferencia de un padre hacia un hijo no es sólo lo que uno cree que da (y no sabe), sino también lo que recibe por esa suposición de saber al niño. Creo que el psicoanálisis con niños no habría sido posible sin esa relación filial. Se dice de Melanie Klein que fue una pésima madre (abandónica, egoísta, y todo lo que se dice de las madres que no son ideales), pero su concepción del análisis nació a partir del análisis de sus tres hijos. Nadie puede ser el analista de su hijo (el padre del pequeño Han quiso serlo, y se perdió en el intento).  La paternidad es mucho más que criar y educar; es aprender lo que no se sabe de sí mismo, gracias al llamado y la interpelación de un hijo.

 

>>>

Luciano Lutereau es psicoanalista, egresado de las carreras de Psicología y Filosofía en la UBA, donde obtuvo también los títulos de Magister en Psicoanálisis y Doctor en Filosofía. Es docente e investigador en la misma Universidad. Co- dirige la editorial Pánico el pánico. Ha publicado diversos libros (poesía, ensayo, novela) entre los que se destacan sus trabajos sobre psicoanálisis con niños.