Relatos/Partos

De la institución a la casa. Y lo bueno de cuestionarse.

Por Nadia Lawsky y Sebastián Bruno*

Ella/

Mi primer embarazo, confieso, lo pasé siendo bastante ignorante en el tema. Confié más en el médico que en mi propio cuerpo. Ese delantal blanco que tanta autoridad da, y que una cree que siempre será lo mejor. Un embarazo sano pero unos médicos y unos técnicos bastante densos, como buscando la patología a todo. “Que subiste mucho de peso, cerrá el pico, que este bebé viene chiquito”. La metida de miedos e inseguridades es lo primero que viene, haciéndote sentir inferior, insegura, que el problema es de una.

Así llegué a mi semana 40, 28 de junio del 2012. Monitoreo, control y la sentencia de la secretaria “este bebé tiene que nacer hoy, el doctor mañana viaja”. Entro al consultorio, tacto dolorosísimo “no seas maricona, no es nada”. Y no lo cuestioné, de maricona. Ya estaba apichonada. Ese mismo día, oh casualidad!, fisuro bolsa, apenas un poco de líquido. Por recomendación de la charla de psicoprofilaxis cosas así había que comunicarlas de inmediato, y eso hice. 23:30 estaba en la Suizo, la partera Raquel me tacta, “estás cero dilatada, perdiste mucho líquido, el bebé es muy grande y vos muy chiquita, inducirte es para terminar en cesárea, aprovechemos que está el médico y hacemos la cesárea ahora”. Shock total, accedo a todo, temblequeando a que me preparen. El líquido perdido era muy poco. Atada de pies y manos en una camilla, vías, pinchazos, monitor, cardiograma, luz blanca, gente entrando y saliendo, instrumental, sonido metálico, charlas desubicadas. Una tela blanca que divide el cuerpo en dos. Mi compañero al lado mío, el olor a carne quemada todavía lo recuerdo. Cuando H. sale al mundo fue emotivo, yo no lo vi pero lo escuché “Hortensia llega al mundo 1:40am” me la acercaron 2 segundos “Dale un besito mamá” y se la llevaron. Y pum quedé sola, en ese cuarto frío, el quirófano, sin entender nada, con la tela blanca que seguía dividiendo mi cuerpo en dos, y del otro lado, los tipos que me cosían , me cosían y se quejaban “otra vez con estos hilos! Son malísimos, no tienen que comprarlos más” olvidando o chupándoles un huevo que del otro lado de esa tela había una persona, que había tenido a su bebé y ahora estaba sola, sola. Sebas vuelve, no hay habitación, quedamos la noche en una sala de pre parto. Y H? la dejaron en neo, no hizo bien el pase. Hasta las 5 y algo no la vi. Fue extraño, raro, frío. Estaba dolorida y sin ella.

Pero nunca me cuestioné nada. Seguí creyendo en lo que ellos me habían dicho, cuestionarse y darse cuenta que fue uno quien hizo malas elecciones es tan doloroso! Te robaron uno de los momentos más importantes de tu vida.

Creo que fue después de los 30 que empecé a cuestionarme todo, absolutamente todo. Sí, un poco tarde, el puerperio me volvió cuestionadora.

Cuando quedé de Luisa volví con este doctor, pero con la idea “loca” de buscar el parto. Se negó rotundamente, “imposible un parto, vos tenés cesárea, a partir de la 37 programamos”. Le dije que de ser así iba a buscar otro profesional y casi maldiciéndome decretó “nadie te va acompañar, un parto! es una locura, es de riesgo” y esa fue la última vez que lo vi.

En la cabeza me rebotaban las palabras de la partera de Cata “se puede parir después de cesárea”. Cata había llegado de Holanda a tener su bebé acá, en la casa, me parecía una locura, en mi total ignorancia eso me parecía extremo, pero luego de verla parida, la cabeza empezó a preguntarse más cosas, y tener una necesidad imperiosa de saber más sobre esta posibilidad. Empecé por blogs y otras páginas sobre el tema, busqué material bibliográfico. Ahí conocí a un genio llamado Michael Odent, a Casilda Rodrigañez, Raquel Schallman, y otros mas, Ah! `El libro del método Canguro´, para pelearla en caso de que naciera prematuro.

En la búsqueda del obstetra caí con unos chantas que dicen hacer parto respetado, uno de ellos dijo “bueno ahora está de moda y nosotros nos adaptamos” pero en las primeras charlas te das cuenta que lo que está respetado es el protocolo de las instituciones. Cuestioné algunos procedimientos y no había nada de ese respeto que ellos vendían, ni siquiera te hablaban de un posible plan de parto, o sea chantapufi total. Ah! Y con cada pregunta que yo hacía, la respuesta siempre venía con un “pelotuda” canchereando. Huí ante el “dejanos el parto a nosotros, vos disfrutá el embarazo y no te llenes de ideologías boludas”.

Semana 28. No tenía profesional que me acompañe, los protocolos de las instituciones me angustiaban, sentía que otra vez iba a ser vulnerada. Y le escribí a Edith Diez, quien había sido la partera de Cata. Tuvimos una consulta, nos contó un montón de partos diferentes, fue cálida, humana, como dice Sebas “Edith es como un Oráculo”, nos explicó todo. Charlamos más de una hora y media, entre mates y galletitas.

No nos quedamos con eso, la re googleamos, leímos todos relatos hermosos de partos con ella y también la escuchamos en entrevistas.

Nos quedamos con ella, su propuesta era todo lo que queríamos, ella nuestro plan A. Nico, el obstetra nuestro plan B, donde caeríamos en caso de que algo no estuviese bien. O que yo lo pida.
Nico, uno de los pocos profesionales que entendió mi necesidad de parir, y me acompañó en la decisión.

A partir de acá me siento en paz total, las consultas con Edith son largas y copadas, con Nico un poco más cortas pero siempre alentándome y diciéndome lo bien que estaba. Ninguno de los dos me pesa, no me tienen con la presión de la balanza, tema que para mí y muchas es angustiante, y más cuando usan eso de excusa para desde ya decirte que no vas a poder parir por gorda.

En paz pero peleando contra el prejuicio de los otros que cuando escuchan que buscás el parto en casa, te diagnostican muerte. Y es agotador, las malas energías siempre llegan.

Semana 35. Edith nos da la lista de cosas para tener el día del parto. Empiezo con la homeopatía, caullophylum y árnica. Té de hoja de frambuesa. Todo para preparar el cuellito del útero.
Semana 37. Compramos todo para el parto, la señora que atiende en la farmacia Rex lo despide a mi compañero con un “que tengan un buen parto” y esa bolsa fue lo más ´Feliz Navidad´ del mundo.
Semana 39. Edith y Gimena me vienen a ver, a conocer la casa y charlar un rato. Un tacto y todo verde. Nada de nada.
Semana 40. Sábado 10 de septiembre. Mi fecha probable de parto. Ningún indicio de nada. Y ahí empiezan las ansiedades.

56 horas de pre Trabajo de Parto y Trabajo de Parto

Martes 13 de septiembre
Semana 40.3 me levanto triste con miedo a no poder, a no lograrlo. Lloro un ratito. Y con Sebas pasamos el día abrazados.
23hs . Una contracción que no es como las que venía teniendo, una contracción que me empuja al piso. 23:15hs. Otra más / 23:25hs otra más fuerte. Y así paso toda la noche, con contracciones cada 10, 20, 25 minutos. Durmiendo en esos pequeños lapsos.

Miércoles 14 de septiembre
7am.
Les escribo a las parteras, les cuento cómo fue la noche. Me viene a ver Gimena tipo 11 de la mañana. Tacto. 1cm de dilatación. “Hay que seguir esperando, esto viene largo”, me receta duvadilan para que las contracciones me den algo de tregua.
Trato de relajar, relajo, estoy confiada que entre la noche del 14 o la mañana del 15 llega.
Disfruto las contracciones, me pongo música, canto un poco, como muy poco. Se hace de noche, contracciones irregulares, cada 10, 3, 5, 7. Empiezo a enloquecer. Llamo a Edith, “Mantené la calma, sabemos que la noche trae sus fantasmas, no los dejes entrar” y me recomienda aumentar la dosis de duva, si es que no daba más, gracias a eso puedo dormir dos periodos de 45 minutos.

Jueves 15 de septiembre
Viene Edith, dilatación 3, casi 4. Me pongo mal. Me veo otra vez atada de pies y manos. “Hey, no. Que no todos los cuerpos no son iguales, el tuyo necesita tiempo y ayuda”.
Ella siempre tirando paz. Me da un supositorio “con esto vas a descansar un rato y vamos ayudar a ese cuello”, también llama a Nico, mi obstetra y le dice que ya arranqué con el trabajo de parto, él queda en guardia pasiva esperando novedades.
16hs Me despierto de una siesta casi reparadora, dos horas. Desde el martes que no dormía tanto. Sigo comiendo muy mal, inapetencia total. Debo obligarme.
22hs Me meto en la bañadera, no doy más, llamo a las parteras a grito pelado.
23:55hs Llegan, sigo a oscuras en el agua. Escuchan los latidos de Luisa, todo perfecto, tacto: 7 cm. De hoy no pasa. Nace esta noche.
Ahí arrancamos con todas las vueltas, en cuatro arriba de la cama, en la pelota, en la pileta, en el banco, abrazada a Sebas empujando para abajo, abrazada a un caño. Soportando.
2am Rompo bolsa, una catarata de agua. Me pongo ansiosa, listo, nace ya! Pero no. Pongo música, bailamos un poco entre contracciones con Sebas, mi compañero, me dice cosas hermosas. Recuerdo ese momento y un poco lloro, que soy linda, que soy fuerte, que estoy haciendo todo muy bien, que ya falta menos para conocer a nuestra segunda hijita. Que me ama. Besos y PUM una contracción que me tira para abajo! Grito, me quejo, “NO PUEDO! NO PUEDO!” Él y ellas “sí que podes, Dale Nadia! venimos bien”
3am. Me pongo loca, estoy en el  agua, en las contracciones no relajo, tensiono, las chicas me recomiendan cambiar la tensión y pasarla bien, recuerdo a Casilda, me concentro. Empiezo a delirar, siento que me voy, que estoy elevada, en cada contracción canturreo, balbuceo, él me sostiene la cabeza, ellas me dan helado en la boca, como, disfruto. Algunas contracciones logro transformarlas en algo orgásmico. Dolor y placer, placer y dolor. Invoco al espíritu de Casilda. ¡Ella esta viva! pero la invoco igual.
4am. Dilatación completa. Escuchan los latidos de L, perfecta. Ella también la está pasando bien y quiere nacer.
Acá me voy a mierda, me descontrolo, enloquezco, soy Linda Blair, abro los ojos, grito desesperadamente, mi umbral del dolor es bajísimo. Sebas me abraza, y sigue con su mar de palabras bellas para mí.
4:30 Aparece Hortensia, me da un besito, me acompaña en el tramo final, un ratito. Edi me pide que me tranquilice porque puedo asustarla. Hortensia, mi dulce hija dice no asustarse.
4:55 Gimena dice “mira, tócate ahí, sabes que es? es la cabeza de tu bebé, un último pujo más” Ay dios! Apenas la toqué me estremecí.
5:10 A grito y llanto Nació!
Gime la ayuda a salir, me la pasan, la cubrimos con una toalla tibia, Luisa llora vigorosamente, con Sebas nos besamos, lagrimeamos, la tenemos con nosotros, es hermoso su llanto, escupe, estornuda todo ese líquido que tenía de estar en la panza, me siento en las nubes, ya no hay dolor. Es todo amor.

Clampeo del cordón.
No sucedió a los 3 minutos (o tal vez en algunos bebés si) como muchos médicos te venden que sucede, clampea cuando realmente deja de latir y fui testigo. Acá pasaron como 10 minutos, mientras las chicas me hacían unos puntitos. Y si… me rompí un poquito.
20 minutos después se va la placenta. Me asombro lo grande que era, era del tamaño de Luisa.
7:10 me escribe el obstetra, felicitándome! Que se alegra mucho de saber que logré lo que quería.
Luisa nunca sufrió riesgo alguno. Siempre estuvo monitoreada, yo pasé por mil estados que nunca voy a olvidar. Hay una nueva Nadia desde el 16 de septiembre. Me empoderé, me hice cargo de mi cuerpo, de mi útero, de mí, sané la herida de esa innecesarea. Tuve y tengo el mejor compañero, nunca se asustó, creyó en mí, confió en mí, me acompañó, me alentó, me dio fuerzas. Sin un compañerxs así seguramente ante mi primer NO PUEDO, me hubiese llevado al sanatorio. Él sabía que era parte, que era mi deseo y me ayudó. El también leyó los mismos libros que yo. Sabía por todo lo que iba a pasar, y sabía que tenía que mantener la calma. Y no generar adrenalina, hormona que tira todo para atrás.

Las parteras siempre estuvieron ahí, por momentos no las veía, tenían paz, serenidad y la habilidad de hacerse invisibles, sin invasiones, salvo en esos momentos donde yo ya no podía relajar ellas daban sabios consejos, y yo obvio los tomaba.

Y así fue. O algo así puedo contar 100 horas después de la llegada de LUI.

Después de 9 meses de gestación no deberíamos permitir que el parto sea un trámite. Es el momento cúlmine de estos 9 meses, llega vida, un humanito a este vasto planeta.

Si sos una mujer sana, llevás un embarazo sano, no temas en reclamar tu parto. Parí como quieras, disfrútalo, no te canses de cuestionar y buscar a los profesionales que quieran acompañar tu deseo.
Mujeres dejémonos llevar por el deseo, eso nos hará libres!

Gigo

ÉL/

¿Por qué pensé que el parto era algo tremendo, doloroso y por qué pensé que yo, hombre, no tenía que participar?
El peso machista, la verdad científica, los prejuicios, las exigencias diarias, y vaya a saber cuantas otras cosas de esas que te dan miedo, hacían que no pudiera pensar en un parto como algo de extrema satisfacción.
Y yo que solo acompañé a mi pareja, que no era mi cuerpo, ni toda esa revolución que tienen las mujeres, tuve que luchar con mis limitaciones, no logro imaginarme lo que fue para Nadia desarmar toda esa lógica que arrastramos involuntariamente desde chicos.
Difícil pero posible.
El primer obstetra, que ya le había hecho una cesárea a Nadia, encantador, con una de esas sonrisas serias y precisas dice enojado: “Es imposible tener un parto después de una cesárea “. Vamos a los segundos doctores, que tienen el cartel de parto respetado y dicen “sacate esas ideas boludas de la cabeza”.
Entonces Nadia me dice “Yo quiero un parto, quiero mi parto y lo quiero en casa”.
Y cuando Nadia me dice algo así, tan preciso, me encanta. Amo su convicción. Automáticamente me acoplé, su plan ya era mi plan.
Desde ese momento todo tomó un enorme valor, la casa se empezó a preparar, la casa se transformó en nido, en cueva, madriguera. Decidimos refugiarnos.
Esos meses de refugio antes del parto me preparé mucho porque quería ser el mejor acompañante que Nadia pudiera tener.

Contracciones.
Contracciones.
Contracciones.

Recuerdo momentos muy graciosos del parto, como estar hablando de cosas muy serias a muy boludas y que esas conversaciones se cortaban automáticamente con cada contracción donde Nadia se trasladaba a algún lado del universo que solo pueden ver las parturientas.

Contracciones.
Lo más cercano que puedo, más o menos decir es que se parece a algún tipo de orgasmo, tal vez me re equivoque, pero eso es lo que yo veía.

Contracciones.
Aumentan, es difícil estar centrado y paciente en esos momentos, porque uno que se siente el salvador de América no puede hacer aparentemente nada, y es difícil darse cuenta que con estar ahí, acompañándola en su hermoso viaje animal, apoyándola en cada uno de sus deseos es suficiente.
Llegan las parteras, se me recargan las energías y me doy cuenta que estaba totalmente entregado a lo que sucedía.
Leía sus movimientos, sus caras, la observaba, me asombraba.
Contraccccccccccciones.
El nacimiento: tan común y tan increíble.

Contraccccccccccciones.
Ella de cuclillas, o en la pelota esa enorme, o en la bañera, o agarrada de un caño, en la cama, iba y venía. Cada contracción era un momento particular, que requería como acompañante algo diferente, a veces agarrarla, otras hacerle masajes, otras no estar, otras estar cerca, otras sostenerle la cabeza pero sobre todo darle amor, ánimo y recordarle el poder que tiene de dar a luz.

Contraccccccccccciones.
Contraccccccccccciones.
Hortensia, nuestra increíble hija de 4 años, estaba durmiendo en el sillón en otro ambiente y se despierta, empieza a presenciar el parto de a momentos, estaba viendo a su madre parir, no le tenía nada de miedo a los gritos, es más lo tenía mucho más asimilado que los adultos que estábamos ahí, y además se daba cuenta de que era algo espectacular.

CONTRACCCCIONNNESSSSS
Ya en la cama, la partera con las manos en el asunto y mucho trabajo de Nadia, 50 horas!!! asoma la cabecita, Nadia la toca, se da cuenta de que puede, de que se puede.
Y vino LA CONTRACCIÓN.
Fuerza, ánimo, y valentía: LUISA.
Ahhhhhhhh qué emoción!!!!!!
La partera la pone arriba de Nadia.
Luisa llora-escupe, mientras con unas toallas la secan un poco, enseguida agarra la teta, al rato largo cortan el cordón.
Emoción infinita.
Hortensia mira a su hermanita.
La cara de Nadia muta del cansancio absoluto a la mujer más plena de todos los siglos de todos los universos.
Después vino la placenta y después la limpieza de la habitación (te queda un asco todo), y después unos mates y no parar de contarnos la que vivimos.
Se van las parteras cansadas y muy felices.
Nadia, Hortensia y por supuesto Luisa se quedan despiertas: “Adrenalin time”.
Me duermo muy cansado, pleno.

 

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Ella/Nadia Lawsky  (Gigo) es artista, fotógrafa y mamá de Hortensia y Luisa. Estudiante de la UBA Sociales – Nació y se crió en el puerto, ciudad de Mar del Plata. Su trabajo se puede ver en http://eldialibre.tumblr.com/

Él/Sebastián Bruno nació en 1975, es diseñador gráfico y artista visual. Su trabajo se puede ver en su web: http://rapidovos.blogspot.com.ar/